"Johnny Herrera 2014". Así puse ayer en mi estado de Facebook después de la gran actuación del portero de Universidad de Chile en el partido de revancha frente a Flamengo.
Alcancé a ver sus mejores atajadas en los resúmenes de los noticieros. Y reconozco que pasa por un gran momento futbolístico. También, que las condiciones siempre las tuvo. Pero planteo, sin rodeos, que es muy difícil que Claudio Borghi lo llame a la Selección Nacional, más allá de que, si hoy lo proclamaran candidato, sacaría más votos que cualquier político. En la Alianza por Chile deben estar haciéndole ojitos.
No hace falta profundizar. Como describí más arriba, las razones no son futbolísticas. Pero no hay que confundirse. No existe, de parte del seleccionador nacional, alguna animadversión en su contra: El enemigo de Johnny Herrera fue, es y será el propio Johnny Herrera.
Ni siquiera es necesario meter al baile sus problemas privados. Cuando uno de mis contactos de Facebook se refirió al accidente automovilístico que protagonizó el guardameta y que costó una vida, lo primero que hice fue borrar la frase completa, Simplemente, porque la alusión no correspondía. Sería hacer leña de un árbol al menos tambaleante.
Cuando hablo del "Johnny enemigo de Johnny" me refiero al futbolista, al capitán, al líder. Al "cabrón", como se dice en todos los camarines y fuera de ellos. No sé si será posible tenerlo sentado en la banca esperando su oportunidad, como a Miguel Pinto. Con "Superman" Vargas -símbolo azul- costó un mundo. Claudio Bravo seguirá siendo indiscutido a menos que se coma un par de goles absurdos. La razón es clara: compite, semana a semana, con los mejores del mundo. En ese escenario, Johnny sería una molestosa pulga en la oreja.
Déjenme contarles que, fuera del campo de juego, Herrera es un tipo bastante más simpático y amable que dentro de la cancha. Que contesta todo y que es sumamente respetuoso. Pero, como sucede en la mayoría de las personas públicas, lo sobrepasa el personaje. Un periodista lo describió como "cuñero". Es decir, un tipo capaz de soltar frases que se agradecen en cualquier redacción pues podrían transformarse fácilmente en el titular del díario del día siguiente.
Hace pocas semanas, dio un ejemplo más que claro de lo que planteo. Apenas se enteró del fichaje de Paulo Garcés en el equipo azul, estalló en cólera, buscó los micrófonos y 'vetó' públicamente la llegada de quien -finalmente- será su nuevo compañero. Una atribución que, por más referente que sea, no está dentro de las que le competen. Incluso, afirmó que estaba dispuesto a dejar su club si el ex cruzado atravesaba la puerta del CDA de La Cisterna. Todo indica que tendrá que tragarse sus palabras, vestirse y calentar las manos junto al ex arquero de la UC.
Su arranque verbal no es el primero. Antes desafío a medio plantel de Colo Colo y prometió que triunfaría en Brasil. Volvió con la cola entre las piernas de su triste paso por Corinthians.Nunca más tuvo la posibilidad de salir.
Y el último que recuerdo fue cuando se refirió como "el Guatón Parrillero" a Borghi y sostuvo que "ése llama a los puros colocolinos". No está en discusión el apodo. Tampoco la certeza de la afirmación. Simplemente, no corresponde a un futbolista que pretende ganarse un puesto en la Roja tratar de esa forma a quien sería, potencialmente, el encargado de convocarlo. Aunque no lo parezca, es una falta de respeto. El "Bichi" será buena onda, pero tampoco las aguanta todas.
Lo que sí está claro es que Johnny Herrera es un gran portero. Un experto en clausurar puertas. La de Juan Pinto Durán se la cerró solito.
Sitio oficial del MOP: Movimiento de Oposición Permanente. Monitoree con confianza.
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jueves, 27 de octubre de 2011
domingo, 16 de octubre de 2011
Un país llamado San Carlos de Apoquindo
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| Una postal de San Carlos de Apoquindo, el estadio al que entran unos pocos. |
La escena es ésta: el funcionario policial impide su libre tránsito rumbo al estadio San Carlos de Apoquindo -derecho consagrado, por lo demás, en la Constitución y que ya fue profusamente violado durante las protestas estudiantiles- y el hombre de verde lo retiene. "No puede seguir", impone, desde su discutible y primitiva autoridad, basada en la ventaja que le proporciona su disfraz de robocop y un bastón retráctil en la mano.
La respuesta del seguidor albo es temerosa, pero intenta ser firme. "¿Por qué? ¿Es otro país allá?", contraataca el fanático, básico conocedor de sus derechos más elementales. El diálogo terminó abruptamente. El anónimo hincha ni se debe haber enterado de la goleada que sufrió el equipo de Ivo Basay. El bus que tomó no terminaba su recorrido en Camino Las Flores y dudo que en el retén en que le brindaron alojamiento dispusiera de un televisor con la señal del CDF Premium. Hoy, no había espacio para gentilezas.
Para los seguidors del equipo de la franja -quienes sí pudieron verlo en calma- debe ser lamentable que la victoria más esperada, merecida y abultada que ha conseguido este año pase al olvido y que quede en la historia como "El partido de la discriminación". Todo por culpa de la actuación de sus dirigentes -uno de ellos un reputado socialista- y, peor aún, de las instituciones que están designadas para velar por los derechos de TODOS los chilenos. En el saco incluyo desde el gobierno hasta los tribunales, pasando, cómo no, por nuestra cada vez más brillante y sorprendente policía uniformada.
Hoy hemos asistido a la fundación de la República de San Carlos de Apoquindo, cuyas fronteras son infranqueables y se protegen a punta de palos, gases lacrimógenos y agua putrefacta financiados con los impuestos que pagamos los contribyentes del país vecino. Un espacio vedado para quienes no cumplimos con el perfil que se requiere para integrar su selecto grupo de "compatriotas": ser rubio, de ojos azules, vivir en una mansión y ganar millones de pesos chilenos mensuales. Allí donde se hizo indeseable la presencia de los que somos mestizos, medimos apenas sobre el metro setenta de estatura y ganamos en lucas. Y, para peor, pocas. Gary Medel, por ejemplo, era aclamado dentro del estadio, pero su familia era abiertamente rechazada en el vecindario contiguo, donde el aspiracional ex jugador de la UC arrendaba un palacio y jamás se atrasó en el pago del arriendo: Nunca le perdonaron su origen humilde. Y a sus cercanos les hicieron la vida imposible.
No me vengan con el cuento de que los hinchas de Colo Colo son violentos. Los hay, pero la generalización es inaceptable. También existen en otros clubes. Lo que cambia es la proporción.
Justificar la clasista segregación que dispuso Universidad Católica al cerrarles la puerta de su recinto, desde esa perspectiva, es otro error. De hecho, la medida también afectó a quienes van al estadio con los sanos propósitos de ver fútbol, gritar por su equipo, festejar la victoria y amargarse por la derrota. Un dato: las peores puteadas a jugadores propios las escuché ahí, donde suponía que vivía la gente más fina de este país. Daba para sonrojarse. ¿Eso también es violencia, no?.
domingo, 9 de octubre de 2011
Bielsa, el tiempo te dio la razón
Recuerdo con alguna nitidez la conclusión de Marcelo Bielsa cuando deslizó que dejaría la banca de la Selección si Harold Mayne-Nicholls no ganaba la elección de la ANFP. "No puedo ni voy a trabajar con el señor Segovia. Es imposible que lo haga", dijo el "Loco" en esa conferencia de prensa, mítica a estas alturas.
Había en las palabras del rosarino un desprecio que no apuntaba a la figura del empresario educacional de origen español. Su postura tenía que ver con su profunda discrepancia con el criterio con que se iba a manejar el fútbol chileno en adelante, cuando estuviera en manos de los empresarios que gobiernan en la mayoría de los clubes. Que corre el riesgo de transformarse en descriterio, de acuerdo a las circunstancias, y sobre todo cuando pierden el sentido común y les aflora el patrón de fundo que llevan en el ADN.
Pero, con todo, Bielsa se fue porque quiso. Nadie lo echó. Incluso, un país entero le rogó que se quedara. Se llevó una bandera gigante como recuerdo y el cariño de millones de chilenos. Algunos, todavía lloran su partida. Yo digo que si las viudas de Bielsa cobraran montepío, el sistema previsional chileno habría quebrado hace un par de meses. Y no tiene sentido: el "Loco" se fue y no volverá. Ni aunque se lo pidan de rodillas.
Los capos de la ANFP no tardaron en mostrar la hilacha. Pocos días después de la caída frente a Argentina -previsible de acuerdo a los antecedentes históricos- y apenas horas antes del encuentro frente a Perú -una victoria obligada bajo el mismo criterio- el presidente del fútbol chileno, Sergio Jadue -de la misma estirpe de Segovia, por cierto- sostuvo una reunión con el técnico de Universidad de Chile, Jorge Sampaoli. Una falta absoluta de tino. En esa consideración, nada tienen que ver los méritos del trasandino. Que los tiene, más allá de que me parezcan insuficientes para asumir la banca de la Roja. Y ojo: en Sampaoli no se fijan por su currículo, sino exclusivamente por su parecido táctico -¿y metódico?- con Bielsa.
La versión oficial es que uno es socio del estadio Palestino y el otro practica tenis en ese lugar. ¡Qué casualidad! Al rato, un periodista afirmó vía Twitter que los vio juntos en el Tavelli, un conocido café capitalino (¿También coinciden en el gusto por los cortados de ese local?). Y para rematar el día, otro trascendido sostiene que Claudio Borghi puso su cargo a disposición y que se irá tras el duelo frente a del Rimac.
No se trata, por cierto, de defender al 'Bichi'. Su gestión debe ser evaluada y, si no cumple con las expectativas, habría que adoptar las medidas de rigor. Pero ¿aserrucharle el piso a vista y paciencia de todo el país, a horas del segundo partido de las Clasificatorias rumbo a Brasil 2014? Es una falta de respeto. Al trasandino no le dejaron más opción que renunciar. Y a Bielsa, que debe estar tranquilito en Bilbao enterándose de este papelón, el tiempo le dio la razón.
Había en las palabras del rosarino un desprecio que no apuntaba a la figura del empresario educacional de origen español. Su postura tenía que ver con su profunda discrepancia con el criterio con que se iba a manejar el fútbol chileno en adelante, cuando estuviera en manos de los empresarios que gobiernan en la mayoría de los clubes. Que corre el riesgo de transformarse en descriterio, de acuerdo a las circunstancias, y sobre todo cuando pierden el sentido común y les aflora el patrón de fundo que llevan en el ADN.
Pero, con todo, Bielsa se fue porque quiso. Nadie lo echó. Incluso, un país entero le rogó que se quedara. Se llevó una bandera gigante como recuerdo y el cariño de millones de chilenos. Algunos, todavía lloran su partida. Yo digo que si las viudas de Bielsa cobraran montepío, el sistema previsional chileno habría quebrado hace un par de meses. Y no tiene sentido: el "Loco" se fue y no volverá. Ni aunque se lo pidan de rodillas.
Los capos de la ANFP no tardaron en mostrar la hilacha. Pocos días después de la caída frente a Argentina -previsible de acuerdo a los antecedentes históricos- y apenas horas antes del encuentro frente a Perú -una victoria obligada bajo el mismo criterio- el presidente del fútbol chileno, Sergio Jadue -de la misma estirpe de Segovia, por cierto- sostuvo una reunión con el técnico de Universidad de Chile, Jorge Sampaoli. Una falta absoluta de tino. En esa consideración, nada tienen que ver los méritos del trasandino. Que los tiene, más allá de que me parezcan insuficientes para asumir la banca de la Roja. Y ojo: en Sampaoli no se fijan por su currículo, sino exclusivamente por su parecido táctico -¿y metódico?- con Bielsa.
La versión oficial es que uno es socio del estadio Palestino y el otro practica tenis en ese lugar. ¡Qué casualidad! Al rato, un periodista afirmó vía Twitter que los vio juntos en el Tavelli, un conocido café capitalino (¿También coinciden en el gusto por los cortados de ese local?). Y para rematar el día, otro trascendido sostiene que Claudio Borghi puso su cargo a disposición y que se irá tras el duelo frente a del Rimac.
No se trata, por cierto, de defender al 'Bichi'. Su gestión debe ser evaluada y, si no cumple con las expectativas, habría que adoptar las medidas de rigor. Pero ¿aserrucharle el piso a vista y paciencia de todo el país, a horas del segundo partido de las Clasificatorias rumbo a Brasil 2014? Es una falta de respeto. Al trasandino no le dejaron más opción que renunciar. Y a Bielsa, que debe estar tranquilito en Bilbao enterándose de este papelón, el tiempo le dio la razón.
miércoles, 5 de octubre de 2011
Vamos -y volvamos- a decir que NO
Tenía apenas nueve años, pero guardo claros recuerdos de ese 5 de octubre de 1988. Fue, por ejemplo, una de las pocas veces en que vi juntos a todos mis vecinos. Había alegría. Todos aportaron papeles para confeccionar guirnaldas y darle colorido a la celebración. Tantos como el arcoiris de la campaña que montó la Concertación.
También se alzaron copas. Había motivos para brindar. Por fin se aproximaba el regreso de la democracia, un concepto superior para un pendejo que recién se acercaba a su décimo año de existencia, pero que ya tenía algunas certezas respecto de qué es bueno y qué es malo. Y que percibía que vivir en dictadura era, al menos, 'feo' en esa categorización primaria que uno también comienza a asimilar desde temprana edad.
También recuerdo uno de los cánticos. "Qué lindo, qué lindo, qué lindo se va a ver, Pinocho en el Mapocho y el pueblo en el poder". Debo haberlo cantado. Mi paso por los estadios ya me había dado la capacidad para aprender rápidamente las canciones de la barra de Colo Colo y éste era más fácil de retener. Como "el que no salta es Pinochet", que lo escuché en la despedida de Elías Figueroa, cuando los incidentes obligaron a retirarnos tempranamente del Nacional, porque llovían piedras y tablones y el apaleo era grande.
Han pasado 23 años desde aquel mítico día y, claro, no todo fue tan lindo como aparecía. La alegría vino, pero hasta por ahí nomás. Si antes nos mandaban a través de la fuerza, después se dieron cuenta de que la mejor forma de manejarnos era a través del dinero. Al final, conservaron el poder. Sólo lo cambiaron de bolsillo. Y "Pinocho" nunca fue a dar al Mapocho: murió sin que la justicia chilena fuera capaz de castigarlo por los miles de crímenes que se cometieron en su régimen. ¡Si hasta tuvo que ir un juez español a hacerle la pega!
Aún así, la sensación de libertad se respiró durante mucho tiempo. También la del miedo y la de incertidumbre. Si hasta cuando le cambiábamos la letra a una canción de Pachuco en la clase de Educación Musical -'Mami, ¿qué será lo que quiere el negro?: ¡Que se muera Pinochet!- el profesor nos llamaba la atención en voz baja. El estaba de acuerdo, claro, pero sería el único que conocería la patrulla por dentro si llegaban los carabineros Y, quién sabe, quizás no lo hubiésemos vuelto a ver.
En rigor, veintitrés años después, seguimos siendo hijos de la dictadura. Y si la represión no nos tocó físicamente, sí lo hizo a nivel sicológico: hoy aún hay gente que calla lo que quiere decir. O lo dice bajito, para que no se escuche, porque le teme a las consecuencias. Partiendo por la pérdida de la pega.
Cada cierto tiempo, también, hay reminiscencias que vuelven a aparecer. Como el actuar de la policía en las manifestaciones públicas, las expresiones de ministros que juran que viven en décadas pretéritas o alcaldes -y, lo que es peor, civiles- que alucinan con ver a los militares desplegados en las calles. Es a ellos a quienes, hoy, hay que decirles "NO".
También se alzaron copas. Había motivos para brindar. Por fin se aproximaba el regreso de la democracia, un concepto superior para un pendejo que recién se acercaba a su décimo año de existencia, pero que ya tenía algunas certezas respecto de qué es bueno y qué es malo. Y que percibía que vivir en dictadura era, al menos, 'feo' en esa categorización primaria que uno también comienza a asimilar desde temprana edad.
También recuerdo uno de los cánticos. "Qué lindo, qué lindo, qué lindo se va a ver, Pinocho en el Mapocho y el pueblo en el poder". Debo haberlo cantado. Mi paso por los estadios ya me había dado la capacidad para aprender rápidamente las canciones de la barra de Colo Colo y éste era más fácil de retener. Como "el que no salta es Pinochet", que lo escuché en la despedida de Elías Figueroa, cuando los incidentes obligaron a retirarnos tempranamente del Nacional, porque llovían piedras y tablones y el apaleo era grande.
Han pasado 23 años desde aquel mítico día y, claro, no todo fue tan lindo como aparecía. La alegría vino, pero hasta por ahí nomás. Si antes nos mandaban a través de la fuerza, después se dieron cuenta de que la mejor forma de manejarnos era a través del dinero. Al final, conservaron el poder. Sólo lo cambiaron de bolsillo. Y "Pinocho" nunca fue a dar al Mapocho: murió sin que la justicia chilena fuera capaz de castigarlo por los miles de crímenes que se cometieron en su régimen. ¡Si hasta tuvo que ir un juez español a hacerle la pega!
Aún así, la sensación de libertad se respiró durante mucho tiempo. También la del miedo y la de incertidumbre. Si hasta cuando le cambiábamos la letra a una canción de Pachuco en la clase de Educación Musical -'Mami, ¿qué será lo que quiere el negro?: ¡Que se muera Pinochet!- el profesor nos llamaba la atención en voz baja. El estaba de acuerdo, claro, pero sería el único que conocería la patrulla por dentro si llegaban los carabineros Y, quién sabe, quizás no lo hubiésemos vuelto a ver.
En rigor, veintitrés años después, seguimos siendo hijos de la dictadura. Y si la represión no nos tocó físicamente, sí lo hizo a nivel sicológico: hoy aún hay gente que calla lo que quiere decir. O lo dice bajito, para que no se escuche, porque le teme a las consecuencias. Partiendo por la pérdida de la pega.
Cada cierto tiempo, también, hay reminiscencias que vuelven a aparecer. Como el actuar de la policía en las manifestaciones públicas, las expresiones de ministros que juran que viven en décadas pretéritas o alcaldes -y, lo que es peor, civiles- que alucinan con ver a los militares desplegados en las calles. Es a ellos a quienes, hoy, hay que decirles "NO".
martes, 27 de septiembre de 2011
La reina
El 22 por ciento de aprobación para la gestión de Sebastián Piñera es lapidario. Como dato, hay que decir que la cifra es inferior en cuatro puntos respecto del que obtuvo la derecha "dura" en las primeras elecciones post dictadura. O sea, hay hasta fachos recalcitrantes que dejaron de prestarle ropa a Don Tatán. Está, literalmente, en pelotas. Desamparado, echado a su suerte. Muerto.
Tampoco les interesa rescatarlo, como a los mineros. Su mandato tiene fecha de vencimiento y el objetivo no es que pase a la historia. Hasta el momento, si ingresa, entrará por la puerta trasera, como uno de los peores -sino el peor- de los presidentes de Chile.
La derecha apostará sus fichas a extender su permanencia en el poder. Y potenciará a nombres como Longueira, Golborne, Allamand y alguno que se me escapa. El apellido Piñera será una anécdota. Y, peor aún, indigna de recordar.
Llegó, entonces, el momento de actuar con inteligencia. Pelear contra el ex accionista de Lan y Blanco y Negro S.A. sería gastar balas en jotes. La madre de las batallas es otra. Se viene en dos años y fracción y hay que prepararse, desde ya, para darla. Con inteligencia, sin pasos en falso y, sobre todo, eligiendo bien las piezas y su distribución y función en el tablero. Como en el ajedrez.Si alguien tendrá que actuar como peón, que trabaje con humildad y, sobre todo, sacrificio. El último 'conde' murió hace algunos días. Y si hay que sumar nuevas piezas, bienvenidas. Pero reina hay una sola.
Soy partidario de la renovación de los liderazgos. Por eso no voté por Frei en la primera vuelta. Pero admito que, en esta pasada, no hay otra carta más potente que Michelle Bachelet. Su porcentaje de aprobación sobrevivió hasta a las críticas más despiadadas e infundadas. Y ella está ahí, firme, como el político con mayor proyección y quizás el más querido. Intacta.
Concedámosle, incluso, el mérito de unir los conceptos "político" y "querido", que parecen incompatibles. Confieso que me tincaba Andrés Velasco, pero el nivel de rechazo que produce es muy alto. No es momento de correr riesgos. Que los corran otros. Perderán por jaque mate en el intento.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Se aprovechan de su nobleza
Si hasta hace un tiempo -claro está que esperamos el próximo numerito- Sebastián Piñera nos sorprendía con sus "piñericosas" -expresiones atarantadas y limítrofes al norte, al sur, al este y al oeste con la ignorancia- hoy, ante la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York, el gerente general de Chile S.A. nos deslumbró con una joya.
A propósito del interminable conflicto estudiantil, el presidente de esta copia feliz del Edén se despachó la siguiente frasesita de colección: “Miles de jóvenes han salido a manifestarse a favor de una causa noble, grande, hermosa como es dar educación de calidad para todos los jóvenes… Nuestro gobierno comparte esa visión y ha dispuesto la más grande reforma y los más cuantiosos recursos”.
La comparten tanto que a los cabros los corretean con Fuerzas Especiales y a punta de palos. Los amenazan con cerrarles el año escolar y crean programas para llevarlos a la fuerza de vuelta a clases y dividir el movimiento.
Menos mal que "Tatán" no andaba con sed. Si la temperatura en la Gran Manzana hubiese bordeado los 35 grados, nuestro presidente pudo confundirse y decir que la lucha que libran pingüinos, universitarios y a la que los profesores se pegaron a la buena -¿cuándo no?- es "única, grande y nuestra". Como la popular e insípida cerveza que sirven en los aviones de LAN, la pyme que vendió hace poquito. Al cabo, también es un eslogan, suena parecido y, en el fondo, el producto que hubiese promocionado igual es un bien de consumo, como la educación para el Mandatario.
A Piñera, una vez más, se le olvidaron los conceptos claves de la movilización: educación gratuita y fin al lucro. Esas sí que son causas nobles, pero sumamente incómodas para quien proviene del sector que promueve todo lo contrario. Discutir sobre ellos sería, precisamente, aprovecharse de la nobleza de quienes lo respaldan.
A propósito del interminable conflicto estudiantil, el presidente de esta copia feliz del Edén se despachó la siguiente frasesita de colección: “Miles de jóvenes han salido a manifestarse a favor de una causa noble, grande, hermosa como es dar educación de calidad para todos los jóvenes… Nuestro gobierno comparte esa visión y ha dispuesto la más grande reforma y los más cuantiosos recursos”.
La comparten tanto que a los cabros los corretean con Fuerzas Especiales y a punta de palos. Los amenazan con cerrarles el año escolar y crean programas para llevarlos a la fuerza de vuelta a clases y dividir el movimiento.
Menos mal que "Tatán" no andaba con sed. Si la temperatura en la Gran Manzana hubiese bordeado los 35 grados, nuestro presidente pudo confundirse y decir que la lucha que libran pingüinos, universitarios y a la que los profesores se pegaron a la buena -¿cuándo no?- es "única, grande y nuestra". Como la popular e insípida cerveza que sirven en los aviones de LAN, la pyme que vendió hace poquito. Al cabo, también es un eslogan, suena parecido y, en el fondo, el producto que hubiese promocionado igual es un bien de consumo, como la educación para el Mandatario.
A Piñera, una vez más, se le olvidaron los conceptos claves de la movilización: educación gratuita y fin al lucro. Esas sí que son causas nobles, pero sumamente incómodas para quien proviene del sector que promueve todo lo contrario. Discutir sobre ellos sería, precisamente, aprovecharse de la nobleza de quienes lo respaldan.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
El show debe continuar
En la entrada anterior, comenté acerca de la partida de Felipe Camiroaga y de la que, para mí, es su herencia como comunicador. Reconocí el dolor por su partida -y por la de los veinte chilenos que lo acompañaban- y valoré las genuinas muestras de sufrimiento de miles de chilenos anóminos. No dudo que salen del corazón. Desde la inocencia y la pureza más absoluta del compatriota que proyecta en los "famosos" todo lo que quiso llegar a ser... y que no pudo llegar a ser.
Lo que empieza a cansar es la sobreexposición de la congoja corporativa de TVN y de su matinal, el Buenos Días a Todos. Un poco más o menos, todos criticamos a LUN por la portada del día posterior a la tragedia. En ese instante, parecía oportunista y sobraron los adjetivos calificativos en torno a su política editorial. "Descriteriados" fue la conclusión generalizada. La respuesta ciudadana dolió a tal punto que la primera plana fue modificada para la edición del matutino que circuló en la capital.
La cobertura 24/7 del canal público se entendía en los primeros días. Era obvio. En una de las peores tragedias aéreas de la historia se perdieron cinco de sus compañeros. Uno de ellos era uno de los principales rostros de la estación. Todos lo lamentamos.
Pero de eso han pasado ya dos semanas. Aparecieron casi todos los cuerpos de los integrantes del equipo que encabezaba el "Halcón Matinal" -sólo resta el del camarógrafo Rodrigo Cabezón- y asistimos a auténticos velatorios en pantalla. El estudio del "Matinal de Chile" y las afueras de Bellavista 0990 se llenaron de justificadas muestras de respaldo y aprecio. Pero prender el televisor conducía a una depresión colectiva.
Llevamos catorce días en lo mismo y empieza a aburrir. Incluso, podría llegar a resultar contraproducente y terminar saturando la figura del propio Camiroaga. Finalmente, el chileno tiene bastantes problemas como para achacarse unos cuantos más. Y hay quienes, legítimamente también, pueden considerar que tanta manifestación raya en lo burdo. Hay que encontrar el equilibrio que permita ir dando un paulatino paso a la normalidad. Aunque cueste.
Lo natural sería que Carolina de Moras -la última compañera del vecino ilustre de Chicureo en pantalla- y el resto del equipo que lidera Mauricio Correa se tomaran un par de días de descanso. Para llorar y desahogarse. Para vivir un duelo que, hasta aquí, ha sido incompleto. Para asumir el golpe y para recuperar energías. También para replantearse y empezar de nuevo. Y, ojalá, con la alegría de siempre.Quien trabaja en Espectáculos tiene una máxima de cabecera: "El show debe continuar".
Lo que empieza a cansar es la sobreexposición de la congoja corporativa de TVN y de su matinal, el Buenos Días a Todos. Un poco más o menos, todos criticamos a LUN por la portada del día posterior a la tragedia. En ese instante, parecía oportunista y sobraron los adjetivos calificativos en torno a su política editorial. "Descriteriados" fue la conclusión generalizada. La respuesta ciudadana dolió a tal punto que la primera plana fue modificada para la edición del matutino que circuló en la capital.
La cobertura 24/7 del canal público se entendía en los primeros días. Era obvio. En una de las peores tragedias aéreas de la historia se perdieron cinco de sus compañeros. Uno de ellos era uno de los principales rostros de la estación. Todos lo lamentamos.
Pero de eso han pasado ya dos semanas. Aparecieron casi todos los cuerpos de los integrantes del equipo que encabezaba el "Halcón Matinal" -sólo resta el del camarógrafo Rodrigo Cabezón- y asistimos a auténticos velatorios en pantalla. El estudio del "Matinal de Chile" y las afueras de Bellavista 0990 se llenaron de justificadas muestras de respaldo y aprecio. Pero prender el televisor conducía a una depresión colectiva.
Llevamos catorce días en lo mismo y empieza a aburrir. Incluso, podría llegar a resultar contraproducente y terminar saturando la figura del propio Camiroaga. Finalmente, el chileno tiene bastantes problemas como para achacarse unos cuantos más. Y hay quienes, legítimamente también, pueden considerar que tanta manifestación raya en lo burdo. Hay que encontrar el equilibrio que permita ir dando un paulatino paso a la normalidad. Aunque cueste.
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