¿Qué diría, don David?. ¡Bah!, ¿para qué te digo “don” si crecí escuchando tu nombre y me resulta tan familiar que pareciera que fuéramos amigos?. A 87 años de tu máxima obra y a ochenta y cinco desde que dejaste la vida en la cancha, ¿qué dirías de lo que hoy ves?. ¿En qué se parece a lo que fundaste? ¿Es éste el Colo Colo que alguna vez imaginaste?
No me respondas. Nunca nos vimos, pero te conozco bastante como para imaginar tu respuesta. Ese Colo Colo que nació de un acto de rebeldía que comenzó a fraguarse en el Quitapenas y se consolidó en el estadio El Llano, nada tiene que ver con el actual. Aquel era un grupo de amigos que compartían un ideal, que se alzaron por tener clara su jornada de trabajo y porque les mejoraran las condiciones para desarrollarlo. Una lucha que compartimos a diario y que, incluso, me inspira. Ni tú ni ellos imaginaron el fenómeno que iba a llegar a ser. Y menos en lo que, 87 años después, lo terminarían convirtiendo: una máquina de producir dinero. A cualquier costo.
¿Qué dirías, David, si supieras que, hoy, a tu Colo Colo -que después fue nuestro y ahora nos pertenece cada vez menos- lo tiene secuestrado una empresa que lleva por apellido Sociedad Anónima? ¿Sabrás que lo que creaste alguna vez quebró por administraciones nefastas y que, hoy, está más cerca de desaparecer? ¿Te enteraste de que al estadio, cuya cancha lleva tu nombre -que quién sabe por qué no se lo han borrado- alguna vez quisieron ponerle como denominación una marca comercial? ¿Te dijeron que, hoy, interesa más sumar abonados que socios?. Fidelización le llaman.
Mejor ni te cuento, David, de todo lo que han hecho y siguen haciendo en nombre de nuestro Colo Colo. Del tuyo y del mío. De la cantidad de dinero que mueven, de los negociados que montan. De los jugadores que contratan y de los pocos que resultan. De los arreglos entre dirigentes y empresarios en época de fichajes. De los miles de dólares que se han ido en indeminizaciones para entrenadores que dejaron rabias y nada más. De los títulos que cada vez son menos y más alejados. De las derrotas que, seguramente, también te avergüenzan. De que los mejores proyectos de nuestras divisiones inferiores terminan jugando en el archirrival.Y de que los gerenciadores de nuestros sueños son amigos de los que administran los de aquellos.
Desde donde estés, ilumínanos, David. Dinos cómo recuperar lo que fue tuyo, lo que luego fue nuestro y lo que nunca le pertenecerá a los empresarios que hoy lo controlan con el único objetivo de seguir llenándose los bolsillos. El sentimiento no tiene precio. Y si lo tiene, estamos dispuestos a pagarlo.
Y si empezamos de nuevo, como aquel mítico 19 de abril de 1925, ¿qué dirías, David?.
Sitio oficial del MOP: Movimiento de Oposición Permanente. Monitoree con confianza.
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jueves, 3 de mayo de 2012
domingo, 18 de diciembre de 2011
¿Qué te hicieron, Colo Colo?
Esta semana debe ser la peor que he pasado desde que soy hincha de Colo Colo. Es decir, desde los casi 33 años que cuenta mi carné de identidad. No es fácil ver perder al equipo de mis amores ni menos soportar la soberbia del archirrival dedicándome en la cara la obtención de su primer título internacional que, si bien no se compara con nuestra Copa Libertadores, tampoco deja de ser meritoria: el 2006, si la ganábamos, la íbamos a celebrar igual. Aunque, claro, un poco menos que el histórico logro encabezado por Mirko Jozic, Jaime Pizarro, el "Loro" Morón, el "Chano" Garrido, Raúl Ormeño, Rubén Martínez y Marcelo Barticciotto.
Empiezan a surgir, espontáneamente, algunos de los nombres que forjaron la identidad del colocolino. Por supuesto que hay más: desde David Arellano y el "Tigre" Sorrel hasta el "Chamaco" Valdés y el "Chino" Caszely. Desde el "Gringo" Neff hasta el "Cóndor" Rojas y el "Gato" Osbén. Cómo olvidar, por cierto, al curicano Luis Hernán Alvarez, mi entrenador en una escuela de fútbol del club, y el goleador histórico en un Campeonato Nacional con sus 37 conquistas. Todos nombres que escribieron, a punta de goles, identidad, títulos y amor por la camiseta, una historia gloriosa.
Que lejos parecen esos tiempos. Y no lo son tanto. Si era en la década pasada cuando al Monumental se podía entrar como quien iba a su casa. Cuando ser socio -aún guardo mi carné con el número 57.755, que dejé de pagar cuando Peter Dragicevic y el 'Guatón Vergara postularon a la directiva, por lo que me jacto de ser visionario- era importante y la cuota apenas sobrepasaba los tres mil pesos. Cuando la entrada a galería costaba mil quinientos pesos y se organizaban grandes celebraciones para los que estábamos registrados y, cada fin de año, nos mandaban una tarjeta de Navidad. Cuando las entradas para los partidos históricos se compraban después de una larga fila en nuestra sede de Cienfuegos 41 y no a través del sistema TicketMaster. Cuando no había que pagar recargo para ver al más grande de todos.
¿Qué te hicieron, Colo Colo? Primero, te pusieron ruedas. Digo esto para que quienes quebraron al club no se suban por el chorro ni nos hagan creer que la solución está en llamarlos de vuelta. Gracias a ellos, hubo que venderle el alma al peor de los diablos: el poderoso caballero Don Dinero. Y como Colo Colo es un club esencialmente popular, y a la mayoría de sus seguidores lo que menos nos sobra es plata, tuvieron que venir hinchas de Universidad Católica y empresarios de derecha para comprarte y convertir en una mina de oro lo que siempre fue una mina de oro. Y llenarse los bolsillos. Y vaciar nuestro espíritu.
¿Qué te hicieron Colo Colo? Te quitaron el alma. Te transformaron en un negocio. Hoy, ya ni siquiera tienes jugadores propios en la oncena titular. Es más, ni siquiera eres capaz de formar jugadores dignos de vestir tu camiseta. Tus mejores entrenadores se han ido a los rivales. De muestra, un botón: de los que iniciaron el partido frente a Cobreloa, sólo Alvaro Ormeño se forjó en tus divisiones inferiores. El resto, todos afuerinos, desconocedores de la tradición, el raigambre y la obligación que implica vestir tu camiseta. El único que queda es Luis Mena, a quien ni siquiera han tenido la deferencia de ofrecerle el contrato vitalicio que se ganó a punta de sacrificio, respeto y amor por nuestros colores.Para mí, en Colo Colo deberían jugar 11 Luis Mena. O "Lucho" Mena y diez más. Si quieren, pongan a Esteban Paredes. Al resto, los regalo. Así de simple.
Hoy no tienes política deportiva. Lo único que les interesa a quienes te administran es vender camisetas y sumar sponsors. La gloria les da lo mismo. Si hasta para ver nuestras copas, patrimonio que no les pertenece, tenemos que pagarles. Imitan el peor modelo de todos: el del Real Madrid: compran nombres. Figuritas, pero de yeso. Y desde el otro lado de la trinchera se ríen de ti y se comparan con el Barcelona. Otra exageración, pero con algo de certeza: es un modelo que ha demostrado con creces su sustentablidad, ya que los conceptos macroeconómicos le gustan tanto a los gerenciadores de nuestros sueños.
¿Qué hacemos por ti, Colo Colo? Tratar de recuperarte. Esto no da para más. Sumar miles de socios, fortalecer la Corporación, buscar nuevos líderes, golpear la mesa y, quién sabe, hasta cuestionar e interrumpir el contrato de concesión que hoy parece ser lo único "eterno" para un club que, a pesar de todo, para mí -y para millones de chilenos- sigue y seguirá siendo, por siempre, el "Eterno Campeón".
Empiezan a surgir, espontáneamente, algunos de los nombres que forjaron la identidad del colocolino. Por supuesto que hay más: desde David Arellano y el "Tigre" Sorrel hasta el "Chamaco" Valdés y el "Chino" Caszely. Desde el "Gringo" Neff hasta el "Cóndor" Rojas y el "Gato" Osbén. Cómo olvidar, por cierto, al curicano Luis Hernán Alvarez, mi entrenador en una escuela de fútbol del club, y el goleador histórico en un Campeonato Nacional con sus 37 conquistas. Todos nombres que escribieron, a punta de goles, identidad, títulos y amor por la camiseta, una historia gloriosa.
Que lejos parecen esos tiempos. Y no lo son tanto. Si era en la década pasada cuando al Monumental se podía entrar como quien iba a su casa. Cuando ser socio -aún guardo mi carné con el número 57.755, que dejé de pagar cuando Peter Dragicevic y el 'Guatón Vergara postularon a la directiva, por lo que me jacto de ser visionario- era importante y la cuota apenas sobrepasaba los tres mil pesos. Cuando la entrada a galería costaba mil quinientos pesos y se organizaban grandes celebraciones para los que estábamos registrados y, cada fin de año, nos mandaban una tarjeta de Navidad. Cuando las entradas para los partidos históricos se compraban después de una larga fila en nuestra sede de Cienfuegos 41 y no a través del sistema TicketMaster. Cuando no había que pagar recargo para ver al más grande de todos.
¿Qué te hicieron, Colo Colo? Primero, te pusieron ruedas. Digo esto para que quienes quebraron al club no se suban por el chorro ni nos hagan creer que la solución está en llamarlos de vuelta. Gracias a ellos, hubo que venderle el alma al peor de los diablos: el poderoso caballero Don Dinero. Y como Colo Colo es un club esencialmente popular, y a la mayoría de sus seguidores lo que menos nos sobra es plata, tuvieron que venir hinchas de Universidad Católica y empresarios de derecha para comprarte y convertir en una mina de oro lo que siempre fue una mina de oro. Y llenarse los bolsillos. Y vaciar nuestro espíritu.
¿Qué te hicieron Colo Colo? Te quitaron el alma. Te transformaron en un negocio. Hoy, ya ni siquiera tienes jugadores propios en la oncena titular. Es más, ni siquiera eres capaz de formar jugadores dignos de vestir tu camiseta. Tus mejores entrenadores se han ido a los rivales. De muestra, un botón: de los que iniciaron el partido frente a Cobreloa, sólo Alvaro Ormeño se forjó en tus divisiones inferiores. El resto, todos afuerinos, desconocedores de la tradición, el raigambre y la obligación que implica vestir tu camiseta. El único que queda es Luis Mena, a quien ni siquiera han tenido la deferencia de ofrecerle el contrato vitalicio que se ganó a punta de sacrificio, respeto y amor por nuestros colores.Para mí, en Colo Colo deberían jugar 11 Luis Mena. O "Lucho" Mena y diez más. Si quieren, pongan a Esteban Paredes. Al resto, los regalo. Así de simple.
Hoy no tienes política deportiva. Lo único que les interesa a quienes te administran es vender camisetas y sumar sponsors. La gloria les da lo mismo. Si hasta para ver nuestras copas, patrimonio que no les pertenece, tenemos que pagarles. Imitan el peor modelo de todos: el del Real Madrid: compran nombres. Figuritas, pero de yeso. Y desde el otro lado de la trinchera se ríen de ti y se comparan con el Barcelona. Otra exageración, pero con algo de certeza: es un modelo que ha demostrado con creces su sustentablidad, ya que los conceptos macroeconómicos le gustan tanto a los gerenciadores de nuestros sueños.
¿Qué hacemos por ti, Colo Colo? Tratar de recuperarte. Esto no da para más. Sumar miles de socios, fortalecer la Corporación, buscar nuevos líderes, golpear la mesa y, quién sabe, hasta cuestionar e interrumpir el contrato de concesión que hoy parece ser lo único "eterno" para un club que, a pesar de todo, para mí -y para millones de chilenos- sigue y seguirá siendo, por siempre, el "Eterno Campeón".
domingo, 16 de octubre de 2011
Un país llamado San Carlos de Apoquindo
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| Una postal de San Carlos de Apoquindo, el estadio al que entran unos pocos. |
La escena es ésta: el funcionario policial impide su libre tránsito rumbo al estadio San Carlos de Apoquindo -derecho consagrado, por lo demás, en la Constitución y que ya fue profusamente violado durante las protestas estudiantiles- y el hombre de verde lo retiene. "No puede seguir", impone, desde su discutible y primitiva autoridad, basada en la ventaja que le proporciona su disfraz de robocop y un bastón retráctil en la mano.
La respuesta del seguidor albo es temerosa, pero intenta ser firme. "¿Por qué? ¿Es otro país allá?", contraataca el fanático, básico conocedor de sus derechos más elementales. El diálogo terminó abruptamente. El anónimo hincha ni se debe haber enterado de la goleada que sufrió el equipo de Ivo Basay. El bus que tomó no terminaba su recorrido en Camino Las Flores y dudo que en el retén en que le brindaron alojamiento dispusiera de un televisor con la señal del CDF Premium. Hoy, no había espacio para gentilezas.
Para los seguidors del equipo de la franja -quienes sí pudieron verlo en calma- debe ser lamentable que la victoria más esperada, merecida y abultada que ha conseguido este año pase al olvido y que quede en la historia como "El partido de la discriminación". Todo por culpa de la actuación de sus dirigentes -uno de ellos un reputado socialista- y, peor aún, de las instituciones que están designadas para velar por los derechos de TODOS los chilenos. En el saco incluyo desde el gobierno hasta los tribunales, pasando, cómo no, por nuestra cada vez más brillante y sorprendente policía uniformada.
Hoy hemos asistido a la fundación de la República de San Carlos de Apoquindo, cuyas fronteras son infranqueables y se protegen a punta de palos, gases lacrimógenos y agua putrefacta financiados con los impuestos que pagamos los contribyentes del país vecino. Un espacio vedado para quienes no cumplimos con el perfil que se requiere para integrar su selecto grupo de "compatriotas": ser rubio, de ojos azules, vivir en una mansión y ganar millones de pesos chilenos mensuales. Allí donde se hizo indeseable la presencia de los que somos mestizos, medimos apenas sobre el metro setenta de estatura y ganamos en lucas. Y, para peor, pocas. Gary Medel, por ejemplo, era aclamado dentro del estadio, pero su familia era abiertamente rechazada en el vecindario contiguo, donde el aspiracional ex jugador de la UC arrendaba un palacio y jamás se atrasó en el pago del arriendo: Nunca le perdonaron su origen humilde. Y a sus cercanos les hicieron la vida imposible.
No me vengan con el cuento de que los hinchas de Colo Colo son violentos. Los hay, pero la generalización es inaceptable. También existen en otros clubes. Lo que cambia es la proporción.
Justificar la clasista segregación que dispuso Universidad Católica al cerrarles la puerta de su recinto, desde esa perspectiva, es otro error. De hecho, la medida también afectó a quienes van al estadio con los sanos propósitos de ver fútbol, gritar por su equipo, festejar la victoria y amargarse por la derrota. Un dato: las peores puteadas a jugadores propios las escuché ahí, donde suponía que vivía la gente más fina de este país. Daba para sonrojarse. ¿Eso también es violencia, no?.
domingo, 14 de agosto de 2011
Tolo, la invitación está hecha
Le voy a repetir la propuesta que le planteé hace un par de semanas en este mismo espacio, Américo Rubén Gallego. Así, a secas. No me pida que haga gala de una presunta estimación en el vocativo. Sencillamente porque le estaría mintiendo. Nunca me cayó bien. Menos ahora que me amargó el fin de semana largo. Ver perder a Colo Colo, y por goleada, me parte el alma.
Me aburrí de que le venda humo a la hinchada más popular y numerosa del país. Que nos quiera dejar como giles. Lo digo así para que le cueste menos entenderme. Si se lo planteo de una manera más figurada, quizás le exija un esfuerzo mayor.
Ya no aguanto más sus explicaciones sin fundamentos o con justificaciones que dan risa. Hoy dijo, por ejemplo, que Colo Colo notó mucho la ausencia de Rodrigo Millar. "El 'Chino' es un jugador de Selección", declaró tras la derrota ante la "U" de "Conce". Se la doy. Pero de inmediato le pregunto, ¿puede depender el plantel más caro del fútbol chileno de un jugador de incuestionable calidad, pero que nunca ha logrado transformarse en referente ni menos en la exclusiva y decisiva figura del equipo?.
No, "Tolo". La derrota de hoy no pasó por la ausencia de Millar. Tampoco le voy a quitar mérito al "Campanil", que hizo su negocio: resistió cuando debió hacerlo y liquidó notablemente cuando pudo: de cuatro ocasiones de gol, acertó tres.
Pero, explíqueme cómo se hace para juntar a once de los mejores jugadores de la competencia -varios de ellos seleccionados de Chile y uno del campeón de América, Uruguay- a los mejores precios del mercado nacional y se logra que no den pie con bola.
Dígame cómo se consigue que un equipo plagado de jugadores talentosos sea incapaz de jugar a algo. A lo que sea, pero con alguna coherencia conceptual. Al menos, de encontrar respuestas cuando el rival marca el primer gol o hay que remontar un marcador adverso.
Explíqueme, por ejemplo, de donde sacó que amontonar delanteros y descuidar la defensa podría conducir a un resultado medianamente productivo. Lo suyo es demagogia. Pero intente no ser tan obvio. Trate de pasar un poquito más piola.
A estas alturas, espero poco de usted y de su trabajo. Incluso, tengo miedo de sus consecuencias. Su paso por el club será un error demasiado caro. Soy de la idea de que sus días en Pedreros no están contados sólo por la cuantiosa indemnización que deberían pagarle. Pero no le doy más allá de diciembre. Si de mí dependiera, hace rato la puerta de salida estaría abierta. Con pasajes incluidos para que me cobre la oferta. Tolo, lo vuelvo a invitar a pescar. A pescar sus cositas y mandarse a cambiar.
viernes, 22 de julio de 2011
Tolo, dedíquese a la pesca...
"Soy el mejor cinco del mundo". Así se presentó Américo Rubén Gallego ante la plana mayor de Blanco y Negro, el día en que formalizaron su contratación en reemplazo de Diego Cagna, otro fiasco. Suficiente para que Guillermo Mackenna y compañía deliraran. Olvidaron que no buscaban un futbolista. Tampoco un amigo buena onda. Lo que necesitaban era un entrenador. Y uno de verdad.Ellos, equivocados otra vez, estaban convencidos de haber encontrado al técnico ideal para Colo Colo. Lo mismo pensaron con Hugo Tocalli, cuyo perfil era diametralmente opuesto. Ahí se nota lo claritos que están.
El currículo del Tolo lucía títulos como jugador y un abultado palmarés como estratega. Fue campeón en River, Newell's, Independiente y el Toluca mexicano. Valía, según los capos de la concesionaria, el millón trescientos mil dólares que cuesta tenerlo anualmente en Pedreros. Lejos, uno de los caprichos más caros de la historia del club. El único consuelo es que la plata la ponen ellos.
Daban los mismos los antecedentes que llegaban desde el otro lado de la cordillera: que es demasiado cercano a los jugadores, que se le suben por el chorro, que perdona la indisciplina y que le gusta organizar asados. Y que, si la carne es mucha, hay que acompañarlos con una buena dosis de antioxidantes. Y así otras cuantas referencias. Todas folclóricas, por cierto.
La primera vez que lo tuve enfrente, no pude evitar la risa. En Chillán, después de clasificar con lo justo a los playoffs del Apertura, acusó a los jugadores de Ñublense de no respetar el "flei".
Todos quedamos como Condorito, exigiendo una explicación. Luego entendimos que se trataba del Fair Play. Por eso las carcajadas. Después recordé que había dejado la escuela en el primer año de la primaria. En Primero Básico, para que quede más claro. Ser ignorante no es pecado. Sí lo es no intentar disimularlo. Si fuese pillo, como dicen, habría preferido "Juego Limpio".
Así de enredadas deben ser sus instrucciones. Y por eso Colo Colo está como está: transitando de papelón en papelón. Perdiendo con rivales que antes aplastaba. Jugando como nunca en su historia: a lo que salga. A ratos, defendiendo el uno a cero, miserable resultado en días no tan lejanos. 'Haciendo tiempo' y mandando a los peloteros a esconder los balones a los veinte minutos del primer lapso, cuando se juega en el Monumental. Insultando un pasado glorioso y, peor aún, poniendo en riesgo un futuro que debería reinstalar al equipo más popular de Chile en el lugar del que nunca debió salir. Ese es, por el momento, su gran legado.
De buena fuente, sé que le gusta la pesca. Si es así, hágame un favor y practíquela, querido Tolo: Pesque sus cositas y mándese a cambiar. Y, ojalá, lo antes posible.
domingo, 10 de julio de 2011
Tapado...con diario
El cuento siempre es el mismo. Termina la temporada y, en plena época de fichajes -que para los peloteros es algo así como la Navidad 2.0- la administración de Blanco y Negro S.A. anuncia que llegará una figura "de nivel internacional" para conformar un Colo Colo imbatible y "que traiga de vuelta la Copa Libertadores".La última frase es una más de las mentiras de Sebastián Piñera quien, al momento de adquirir un importante porcentaje de participación accionaria en la empresa que gerencia al club más popular del país, prometió que el "Eterno Campeón" recuperaría su protagonismo a nivel internacional. Solo invertía para elevar el suyo.
Siete años después, el Cacique sigue en los roles secundarios. Poco falta para que apenas le alcance para "extra" de una escena que ahora comparten hasta los equipos ecuatorianos. A nivel local, también hay que ver las finales, protagonizadas por los archirrivales, a través del CDF Premium.
Tras el papelón del primer semestre, la concesionaria comprometió una fuerte inversión para potenciar el plantel. Incluso, sus regentes se animaron a especular con la negociación de un "tapado" para remecer el mercado. Y empezó el desfile de nombres. Si antes fueron el "Muñeco" Gallardo, Martín Palermo y hasta el mismísimo Carlos Tévez -sí, hace algunos años, Piñera le preguntó precio a Mauricio Macri por la principal figura de Boca Juniors, otro papelón- ahora fue el turno de dos magos: Luis Jiménez y Jorge Valdivia.
Plata no falta. Las ventas de Cristóbal Jorquera y Diego Rubio dejaron un par de palos verdes que alcanzan para fichar un par de estrellas. Y ni hablar de la jugosa cuenta de ahorros que debe manejar la firma después de transferir al "Mati" Fernández, Arturo Vidal y al "Chupete" Suazo, entre otros.
Plata no falta, insisto. Lo que escasea son las ganas de gastarla. O de invertirla para mejorar el producto, llevar de vuelta al hincha al estadio y seguir acumulando millones, que es lo único que les interesa.
Hasta aquí, sólo han llegado jugadores del montón. Christian Vilches es interesante, claro. Lo mismo Roberto Gutiérrez. Carlos Muñoz, otro de los que suenan, es un tremendo...proyecto. Todos están lejos de ser figuras rutilantes como las que esperaban los colocolinos. Esas que ganan campeonatos y copas internacionales.
Al paraguayo Osmar Molinas ni siquiera lo pidió Américo Gallego. ¿Otro cachito enchufado por algún empresario y aceptado por un dirigente inepto? El pataleo del "Tolo" debe ser lo único en lo que le encontré razón desde que llegó. Sumen su traída a la lista de chambonadas que incluyen a Nelson Cabrera, Rodrigo Riquelme, Agustín Alayes, John Jairo Castillo, Carlos "Caliche" Salazar y otros tantos ilustres paquetes.
¿No está ni ahí con Colo Colo porque es hincha de otro equipo? Le propongo un juego: cambie los nombres propios. En el suyo, el problema es exactamente el mismo.
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