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jueves, 8 de marzo de 2012

Pensión de viudez

De entrada, me declaro admirador de Marcelo Bielsa. Quien vive el fútbol con la intensidad que yo, no podría ubicarse en una trinchera distinta. Porque, en el fondo, nos parecemos. Ambos le dedicamos, desde la diferencia de nuestras funciones, buena parte de nuestras vidas al deporte más popular en el mundo. Y perseguimos el mismo objetivo: que el fútbol crezca hasta el límite de sus posibilidades.

Pero hay distancia entre eso y considerarme "viuda" del rosarino. Que reconozca que, desde su paso por el fútbol chileno, el juego de nuestra Selección evolucionó y que la seriedad de su trabajo obligó a la adaptación de nuestros jugadores a su rígido sistema, no significó que, tras su partida, tuviera que salir a la calle vestido de luto. Ni que creyera en la muerte instantánea de la actividad que más me apasiona.

Hay que establecer, en principio, que Marcelo Bielsa se fue sin que lo echaran. Puedo compartir, incluso, los principios que motivaron su alejamiento. Desde la lealtad a quien lo trajo -Harold Mayne-Nicholls- hasta la diferencia ética, profesional y hasta política con quienes, eventualmente, pudieron ser sus patrones. Pero, así y todo, el "Loco" se fue porque quiso. En último caso, porque ya no se sentía cómodo, quería cambiar de aires y es tan bueno en su trabajo que hasta pudo elegir su nueva pega entre un abanico de posibilidades, cada una más onerosa que la otra. Un sueño para cualquiera de nosotros.

Desde el día en que partió, Bielsa pasó a ser, para mí, el "ex entrenador de la Selección chilena" y, días después, "el técnico del Athletic de Bilbao". Como amante del buen fútbol, veo los partidos del equipo vasco cada vez que puedo y hay algunos, como el de hoy ante el Manchester United, que dan material para una clase. Pero los triunfos del trasandino ya me resultan ajenos. No se me ocurriría ir a pararme a la Plaza Italia con una bandera albirroja. De seguro, estaría haciendo el "loco".

De la misma forma, llego a entender la molestia de Claudio Borghi. Porque, tras cada éxito de Bielsa, todos lo apuntan casi como si fuera el causante de su salida de Juan Pinto Durán. Y los responsables son otros y, hoy, están en La Moneda: Sebastián Piñera y Gabriel Ruiz-Tagle. Ellos -y algunos otros- fueron quienes, en 2009, iniciaron la conspiración para remover a Mayne-Nicholls de la testera de la ANFP. Y, por consiguiente, provocaron la partida del "Cabezón".

Después, las comparaciones de estilo son improcedentes. Incluso las relativas a la conducción grupal. Hay jefes que sacan mejor rendimiento desde el diálogo, la relación fraterna y la confianza mutua. Traspasar el límite de lo tolerable es, siempre, un exceso del subordinado. Y lo expone a sanciones. No olviden que Borghi dictó las suyas. Y contra cinco de sus "regalones".

En el fútbol, cada maestro tiene su libro y, a la luz de los resultados, el modelo del "Bichi" también ha resultado exitoso. Con Colo Colo ganó casi todo y dirigió a un equipo que jugaba a gran nivel. Y, en las Clasificatorias a Brasil 2014 suma seis puntos, dos más que su antecesor a esta misma altura de la competencia. Un dato "duro" y difícil de asimilar para quienes hoy hacen fila en las cajas del INP para cobrar su pensión de "viudez".

domingo, 9 de octubre de 2011

Bielsa, el tiempo te dio la razón

Recuerdo con alguna nitidez la conclusión de Marcelo Bielsa cuando deslizó que dejaría la banca de la Selección si Harold Mayne-Nicholls no ganaba la elección de la ANFP. "No puedo ni voy a trabajar con el señor Segovia. Es imposible que lo haga", dijo el "Loco" en esa conferencia de prensa, mítica a estas alturas.

Había en las palabras del rosarino un desprecio que no apuntaba a la figura del empresario educacional de origen español. Su postura tenía que ver con su profunda discrepancia con el criterio con que se iba a manejar el fútbol chileno en adelante, cuando estuviera en manos de los empresarios que gobiernan en la mayoría de los clubes. Que corre el riesgo de transformarse en descriterio, de acuerdo a las circunstancias, y sobre todo cuando pierden el sentido común y les aflora el patrón de fundo que llevan en el ADN.

Pero, con todo, Bielsa se fue porque quiso. Nadie lo echó. Incluso, un país entero le rogó que se quedara. Se llevó una bandera gigante como recuerdo y el cariño de millones de chilenos. Algunos, todavía lloran su partida. Yo digo que si las viudas de Bielsa cobraran montepío, el sistema previsional chileno habría quebrado hace un par de meses. Y no tiene sentido: el "Loco" se fue y no volverá. Ni aunque se lo pidan de rodillas.

Los capos de la ANFP no tardaron en mostrar la hilacha. Pocos días después de la caída frente a Argentina -previsible de acuerdo a los antecedentes históricos- y apenas horas antes del encuentro frente a Perú -una victoria obligada bajo el mismo criterio- el presidente del fútbol chileno, Sergio Jadue -de la misma estirpe de Segovia, por cierto- sostuvo una reunión con el técnico de Universidad de Chile, Jorge Sampaoli. Una falta absoluta de tino. En esa consideración, nada tienen que ver los méritos del trasandino. Que los tiene, más allá de que me parezcan insuficientes para asumir la banca de la Roja. Y ojo: en Sampaoli no se fijan por su currículo, sino exclusivamente por su parecido táctico -¿y metódico?- con Bielsa.

La versión oficial es que uno es socio del estadio Palestino y el otro practica tenis en ese lugar. ¡Qué casualidad! Al rato, un periodista afirmó vía Twitter que los vio juntos en el Tavelli, un conocido café capitalino (¿También coinciden en el gusto por los cortados de ese local?). Y para rematar el día, otro trascendido sostiene que Claudio Borghi puso su cargo a disposición y que se irá tras el duelo frente a del Rimac.

No se trata, por cierto, de defender al 'Bichi'. Su gestión debe ser evaluada y, si no cumple con las expectativas, habría que adoptar las medidas de rigor. Pero ¿aserrucharle el piso a vista y paciencia de todo el país, a horas del segundo partido de las Clasificatorias rumbo a Brasil 2014? Es una falta de respeto. Al trasandino no le dejaron más opción que renunciar. Y a Bielsa, que debe estar tranquilito en Bilbao enterándose de este papelón, el tiempo le dio la razón.

miércoles, 13 de julio de 2011

No entendieron nada

Que Bielsa cambió al fútbol chileno. Que, después de él, la mentalidad del chileno es otra. Que nos hizo ganadores. Que si se iba, quebraba el CDF Premium. Que Borghi era indigno de heredar su trono. Que después de su partida, se acababa el fútbol chileno.

Hoy, el rosarino inició sus entrenamientos con el Athletic de Bilbao y todo sigue ahí. Somos un poco más exitosos, porque avanzamos una ronda en la Copa América, pero aún no le ganamos a nadie. La mayoría sigue soportando a Claudio Palma y sus lugares comunes y engrupiéndose con el Prozone del "analista táctico" Waldemar Méndez. Borghi no era el demonio. La Selección juega casi igual y del fútbol chileno pocos se acuerdan, porque hay que ser genio para programar una Copa Chile en pleno invierno y con una Copa América que se puede seguir cómodamente por la televisión abierta. Tranquilo, Aladino, el problema no es contigo.

¿Se sentiría orgulloso de nosotros el "Loco" si supiera que sus dieciseis millones de viudas estaban pegadas al LCD recién comprado -en cómodas 36 cuotas, obvio- y celebraban cada gol que significara eludir la responsabilidad de enfentar a Brasil en los cuartos de final?. Con toda seguridad, no. Y su conclusión sería categórica: "No aprendieron nada".

La principal lección que heredó el rosarino no fue el sistema táctico. La pizarra no es creación suya: se la copió a Jozic. Su mayor enseñanza fue abandonar los complejos. Hacernos creer iguales a las superpotencias aunque al poco tiempo nos remecieran de un cachetazo. Creer que podíamos ir de frente con cualquiera. y, si nos botaban, pararnos de nuevo. Como el que se tira a choro con el más grande del curso y sabe que se puede comer un par de palmetazos. Pero se guarda el beneficio de la duda de poner el primer combo en pleno ojo y terminar rápido la pelea. Asumir riesgos. Y sus consecuencias.

Eso de andarle sacando el poto a la jeringa es muy nuestro. Si se enteró, Bielsa debió ponerse rojo de vergüenza. Ajena, por cierto. Para ser campeón hay que ganarle a todos y derrotar a los grandes antes de la gran definición es mucho más fácil. La final siempre la ganan ellos. Y si no es por la buena, se las regalan.