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domingo, 10 de julio de 2011

Tapado...con diario

El cuento siempre es el mismo. Termina la temporada y, en plena época de fichajes -que para los peloteros es algo así como la Navidad 2.0- la administración de Blanco y Negro S.A. anuncia que llegará una figura "de nivel internacional" para conformar un Colo Colo imbatible y "que traiga de vuelta la Copa Libertadores".

La última frase es una más de las mentiras de Sebastián Piñera quien, al momento de adquirir un importante porcentaje de participación accionaria en la empresa que gerencia al club más popular del país, prometió que el "Eterno Campeón" recuperaría su protagonismo a nivel internacional. Solo invertía para elevar el suyo.

Siete años después, el Cacique sigue en los roles secundarios. Poco falta para que apenas le alcance para "extra" de una escena que ahora comparten hasta los equipos ecuatorianos. A nivel local, también hay que ver las finales, protagonizadas por los archirrivales, a través del CDF Premium.

Tras el papelón del primer semestre, la concesionaria comprometió una fuerte inversión para potenciar el plantel. Incluso, sus regentes se animaron a especular con la negociación de un "tapado" para remecer el mercado. Y empezó el desfile de nombres. Si antes fueron el "Muñeco" Gallardo, Martín Palermo y hasta el mismísimo Carlos Tévez -sí, hace algunos años, Piñera le preguntó precio a Mauricio Macri por la principal figura de Boca Juniors, otro papelón- ahora fue el turno de dos magos: Luis Jiménez y Jorge Valdivia.

Plata no falta. Las ventas de Cristóbal Jorquera y Diego Rubio dejaron un par de palos verdes que alcanzan para fichar un par de estrellas. Y ni hablar de la jugosa cuenta de ahorros que debe manejar la firma después de transferir al "Mati" Fernández, Arturo Vidal y al "Chupete" Suazo, entre otros.

Plata no falta, insisto. Lo que escasea son las ganas de gastarla. O de invertirla para mejorar el producto, llevar de vuelta al hincha al estadio y seguir acumulando millones, que es lo único que les interesa.

Hasta aquí, sólo han llegado jugadores del montón. Christian Vilches es interesante, claro. Lo mismo Roberto Gutiérrez. Carlos Muñoz, otro de los que suenan, es un tremendo...proyecto. Todos están lejos de ser figuras rutilantes como las que esperaban los colocolinos. Esas que ganan campeonatos y copas internacionales.

Al paraguayo Osmar Molinas ni siquiera lo pidió Américo Gallego. ¿Otro cachito enchufado por algún empresario y aceptado por un dirigente inepto? El pataleo del "Tolo" debe ser lo único en lo que le encontré razón desde que llegó. Sumen su traída a la lista de chambonadas que incluyen a Nelson Cabrera, Rodrigo Riquelme, Agustín Alayes, John Jairo Castillo, Carlos "Caliche" Salazar y otros tantos ilustres paquetes.

¿No está ni ahí con Colo Colo porque es hincha de otro equipo? Le propongo un juego: cambie los nombres propios. En el suyo, el problema es exactamente el mismo.

jueves, 7 de julio de 2011

El enfermo apenas dice 33

Lejos están los tiempos en que el "33" era signo de victoria. En que era motivo de orgullo y en que paseaba por todo el mundo en un papelito que, cuando iba a ser mostrado, le costaba un pellizcón a un personaje que no solo es charlatán y vendehumo, sino también macabeo.

Hoy, el "33" no simboliza a los mineros que rescataron desde las profundidades de la mina San José en Atacama. Este "33 tampoco es para andarlo luciendo ni podría usarse para elevar ministros a la categoría de rockstars. Más bien, sirve para que el color de la cara les haga juego con el reluciente rojo de sus chaquetas. De pura vergüenza.

La fórmula es fácil: si promedia la aprobación ciudadana al gobierno que revelan las encuestas CERC -35 por ciento- y CEP Adimark -31 por ciento- el resultado es un "33" tan exacto como categórico: el gobierno tiene menos respaldo que un skate. Entró a la historia, como prometía, pero por el patio trasero.

El resultado es una respuesta concreta -y una indesmentible señal de descontento ciudadano- para un gobierno que no ha sabido darlas. Que se quedó en la grandilocuencia de los anuncios y en la superficialidad de las formas. Que no exhibe liderazgo y cuyo "cambio" se quedó en el eslogan. Que cuando ha hecho cosas buenas, las menos, tampoco ha sabido comunicarlas. Un enfermo que parece no tener remedio. Y que, ahora, conectado al respirador artificial, apenas dice 33. Y no creo que lo quiera mostrar como gracia.

miércoles, 6 de julio de 2011

Salen el huemul y el cóndor: entran los sapos

Se equivocó el periodista Juvenal Rivera al citar al ministro Hinzpeter en una declaración que nunca dio. Aunque también es verdad que el uso de las redes sociales tiene mucho de juego y que muchas de las cosas que se dicen en ellas no son ciertas, están lejos de serlo o, definitivamente, no están ni ahí con serlo.

De hecho, es usual "recrear" citas de personajes conocidos sólo por el placer de leerlos diciendo cosas que la versión original jamás diría. Pura diversión.

Lo grave es otra cosa: que a Rivera lo haya llamado su colega Daniela Easton, quien trabaja para el gobierno, revela que lo del monitoreo no quedó en la amenaza. Que los chilenos estamos viviendo en un "reality" en que el director conoce cada uno de nuestros pasos. Y que, en algún momento, probablemente si le sigue bajando el "rating", nos puede eliminar por convivencia.

Es probable que, apenas estas líneas suban al ciberespacio, ya las estén leyendo. O incluso antes. Quizás instalaron cámaras ocultas en las paredes de mi casa o un software espía en mi computador. De mi sombra, también desconfío. O sea, la desconfianza es grande.

Inevitable resulta recordar al mentor de quienes hoy habitan en La Moneda. "En este país no se mueve una hoja sin que yo lo sepa", solía advertir el "okupa" más pegote que ha tenido ese palacio. Entro por la ventana y tuvimos que esperar 17 años para echarlo. Sus herederos aprendieron bien la lección. Sólo les falta cambiar a los animales del escudo. Que salgan el huemul y el cóndor: es hora de los sapos.

martes, 5 de julio de 2011

Raspe y GANE: un premio de consuelo


Se pasan para ser creativos en nuestro gobierno. Son mandados a hacer para confeccionar chaquetitas, idear ingeniosos eslóganes e inventar "bonitas siglas, para que se sientan un poco más importantes", como versa una de las canciones del mejor grupo de rock chileno, Los Prisioneros. Los mismos autores del "Baile de los que sobran", el himno del paro estudiantil.

Olvidan, en La Moneda, que los chilenos somos cada vez menos ciegos y que una buena lupa agranda hasta la más chica de las letras.

El ampuloso anuncio del Gran Acuerdo Nacional para la Educación, GANE para los amigos, parece un premio para la lucha que han sostenido nuestros estudiantes, a la que se han sumado sus profesores y, lentamente, otros sectores ciudadanos.

Pero, aunque cuatro mil millones de dólares y unos cuantos miles de becas parezcan un extremo acto de desprendimiento, apenas le alcanza para ser de consuelo. Como en Sábados Gigantes y el Festival de la Una, shows que por lo menos reconocían su condición. En los que el animador era harto más entretenido. Y la modelo que lo escoltaba, harto más rica.

Lo básico es que, para que exista un "acuerdo" deben confluir las dos partes en conflicto. De lo contrario, sería una nueva imposición. O sea, pan para hoy y hambre para mañana. En dos años más, el escenario será el mismo: no se mejorará lo que hoy se quiere mejorar y nuevamente tendremos miles de alumnos aplanando calles.

Otra que se cae de madura. ¿Existen las universidades privadas sin fines de lucro? En teoría, claro. Pero, en la práctica, ¿hay algún empresario filántropo que funda una institución de educación superior y no quiere incrementar su fortuna a través de ella? Si lo encuentran, pásenle mi teléfono. Que me pinche. Le devuelvo el llamado para que no gaste y destine su dinero a educar a alguno de estos cabros chicos revoltosos.

lunes, 4 de julio de 2011

¿Usted es tonto o se hace?

Apenas escuché el último pastelazo de Sebastián Piñera -o la última "piñericosa"- me acordé del hashtag que aporté hace un par de meses cuando uno de los TT del momento era "Otros Papeluchos". Una idea que nació como homenaje a Marcela Paz y terminó, como todas, transformándose en una excusa para soltar un montón de tallas de esas que los chilenos siempre tenemos a flor de labios. No me voy a hacer el gil: sumé a #papeluchoyelpresidentedixleso por su tendencia a camabir palabras, inventar situaciones. En definitiva, a meter la pata más a fondo que Michael Schumacher en sus mejores tiempos.

"Don Tatán" tiene del año que le pìdan. Si antes nos sorprendió con "tusunami", "marepoto", "cáncer de mamos", "o isla Juan Fernández, donde vivió Robinson Crusoe", el mismo creador nos ofreció hoy un aporte más para la saga: Eusebio "Libio", como autor de nuestro himno nacional. Sí, el mismo que figura segundo en belleza a nivel mundial, detrás de La Marsellesa -otro triunfo moral, claro- y que, hace un par de horas, fue coreado por unos veinte mil chilenos en Argentina, antes de la sufrida victoria sobre México en la Copa América. La brillante obra de Eusebio. LILLO, gil.

No sé si lo supera su impulsividad o si, derechamente, es ignorante. Que no es pecado serlo. De hecho, todos los somos un poco más o un poco menos. Lo criticable es no asumirlo y ponerse en una situación de superioridad que no le pertenece. No escuchar a sus asesores o no haberlos despedido si no lo aconsejaron a tiempo ni le ahorraron esta decena de papelones. Para mí, es inevitable. Cada vez que se manda algún numerito como éste, me pregunto lo mismo: ¿Piñera es tonto o se hace?. Imaginen mi respuesta. Pueden agregar las suyas.

domingo, 3 de julio de 2011

Carcuro 24/7

No soporto a Pedro Carcuro. Me carga su voz, me molestan sus exageraciones, encuentro fomes sus relatos y me empelota -así, sin eufemismos- que le cambie la pronunciación a cuanto apellido se le cruce.

Mis limitadas dotes futbolísticas me salvaron de apellidarme "Gonzalés" según este caballero, para quien la "Roja" es entrenada por "Borghí", la estrella francesa era "Thieggy Anry" y el tronco que juega de delantero en la selección boliviana se llama "Martins Moreno" y no "Marcelo Moreno Martins", como aparece en todas los registros y buscadores de la web.

Se me hizo insufrible leer "Caído del Cielo", el libro que le dedicó al gran Iván Zamorano. El mito del "Pichichi" merecía, al menos, un relato más armónico y, como mínimo, mejor escrito.

Y, como crecí aprendiendo que el idioma español es uno de los más ricos que existen, aún trato de explicarme qué cresta significa la expresión "hacer partido". La única traducción cuerda al chilenismo que se me ocurre es "organizar una pichanga". Si se usa como adjetivación, salvando la ociosidad del uso del verbo "hacer", lo correcto sería decir "está haciendo un buen partido". Aunque lo realmente acertado sería afirmar que "está jugando un buen partido".

Imagínense lo que significa un mes completo aguantando a Carcuro. En una palabra, insufrible. Y lo terrible que es llegar un domingo por la noche a casa y poner TVN. Escucharlo en el noticiario, en "América Mía" y, de madrugada, en el Zoom Deportivo sería un acto de masoquismo. Menos mal que el botón "Mute" del televisor todavía funciona. Que Dios -y la tecnología japonesa- lo tengan para siempre en sus oraciones.

viernes, 1 de julio de 2011

Apenas es el Messías. No le alcanza para D10s

La culpa la tiene el Pro Evolution Soccer. En ese juego de consola, basta elegir al Barcelona para ser campeón de todo. Y es abuso si se sobreutiliza a la joyita que adorna la portada del juego: Lionel Messi.

El clon virtual del rosarino las hace todas. No hay que ser muy ducho con el joypad para eludir a todos los jugadores rivales y terminar la jugada con una rabona. No es mucha la gracia. La suma de sus "poderes" se acerca al 100 y sus adversarios promedian el 75. Así, cualquiera

En el Barcelona "de verdad" pasa algo similar. Messi es el protegido y todos juegan para él en una máquina de producir fútbol de alto vuelo, con piezas doradas que relucen una más que la otra. Con los mejores del mundo al lado, cualquiera puede.

No desconozco los méritos de "Lio". Es un gran jugador y, seguramente, seguirá creciendo. Es veloz, hábil, valiente e ingenioso donde pocos se atreven. Pero compararlo con Maradona es un despropósito.

El argumento más rápido de apelar es la notoria caída de rendimiento que muestra cada vez que viste la camiseta de la Selección argentina. Ni la sombra de la estrella culé alcanza a ser. Arruga, con todas sus letras. Y la diferencia cualitativa de los diez que lo rodean no es mucha que digamos, si se compara con sus escoltas en el equipo de la ciudad condal.

Si no es capaz de rendir a alto nivel al lado de Tévez, Agüero, Di María, Mascherano, Lavezzi y otros monstruos, no me lo imagino al lado de Garré, Giusti, Batista, Enrique, Burruchaga o Valdano, a quienes Diego condujo a ser campeones en México '86. Jugadores correctos, pero que estaban lejos, muy lejos de ser superestrellas. Maradona, por Argentina, era aún mejor que jugando por su club.

El "Diez" elevó a lo más alto de Europa al Nápoli, un equipo que andaba a los tumbos en el Calcio. Aguantó las patadas de los defensores más fieros del mundo en la liga donde, quizás, más se golpea. Y a su lado tenía un bosque entero: puros troncos. En España se marca menos. Además, hoy, la televisión ayuda harto más a proteger al talentoso que hace veinte años.

Por el momento, Messi suma títulos, aunque tampoco tiene el más importante de los que alzó Maradona. Pero le faltan milagros. Por eso es el Messías. Para D10s aún no le alcanza.