Publicidad

Mostrando entradas con la etiqueta Piñera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Piñera. Mostrar todas las entradas

viernes, 29 de julio de 2011

Viva el cambio...de puesto

Sol Letelier será la nueva subsecretaria del Servicio Nacional de la Mujer. Un detalle si no fuera porque la militante UDI era la alcaldesa de Recoleta, un puesto elegido democráticamente y un cambio, del que, seguramente, quienes la eligieron se enterarán a través de la prensa. Si es que se enteran.

No aguanto la tentación de escribir que no se puede pedir que respeten la democracia a quienes no creen en ella. En este momento, mis dedos se mandan solos, pero escriben la pura y santa verdad.

Deben estar retorciéndose en sus tumbas los creadores del juego de la silla musical. Una sana diversión infantil que este gobierno transformó en su entretención favorita.

La ex edil asumirá su nueva obligación en reemplazo de Cecilia Pérez, nueva intendenta de Santiago, quien había reemplazado a Fernando Echeverría, quien tampoco estuvo ni ahí con el cachito que le habia encaletado Piñera.

Seguramente, el jueguito no terminará. Han sido consecuentes. Ellos prometieron cambio y ahí tienen harto. Viva el Cambio, pero de puesto.

lunes, 18 de julio de 2011

La revolvieron un poquito, para esconder el olor

La analogía del cambio de gabinete con el juego de la silla musical es incorrecta. Porque en la clásica diversión infantil hay varios perdedores y un solo ganador y, en el ajuste ministerial, quienes perdieron siguieron jugando.

Premio a la mediocridad para un gobierno que se autoproclamó como "el mejor de los últimos veinte años" cuando apenas llevaba meses en ejercicio y que prometió que sería la administración "de los mejores". Puro cuento: los cargos públicos son para los amigos. Da lo mismo si sirven o no. En época de Concertación pasaba lo mismo.

Hoy, la percepción pública del gobierno de Piñera ahorra comentarios. Si apenas el 33 por ciento la aprueba es precisamente porque equivocó el rumbo y porque olvidó que la campaña terminó en enero de 2010 y que, hoy, los chilenos queremos soluciones. Pregunten en Dichato.

Joaquín Lavín no se la pudo con la crisis en Educación y, como premio, se va a Mideplan. A De Solminihac es fácil confundirlo con Roberto Nicolini -el animador del Pipiripao- pero se hace difícil reconocer su aporte. Si alcanzó algo de notoriedad fue por el puente que "vale callampa": se va a Minería. Y Laurence Golborne, cual modelo farandulera, cambia sus dos carteras por una "Louis Vouitton": la de Obras Públicas. Posar y cortar cintas será su principal pasatiempo y la lectura es simple: lo perfilarán para pelearle a Bachelet en 2014. Veremos cuántos caerán.

Longueira hablará con Jaime Guzmán en Economía y Andrés Chadwick -el primo del presidente, otro apitutado- es el reemplazante de Ena Von Baer. Costará olvidar a la pintoresca vocera de gobierno, quien a punta de condoros se convirtió en celebridad en Twitter. Hasta tenía su hashtag propio, #LaEna, que estaba a la altura de las "piñericosas". Ena, Ena queriiida, los trolleros jamás te olvidarán.

No es la silla musical. Es la misma mierda. Sólo la revolvieron un poquito, para esconder el olor.

miércoles, 6 de julio de 2011

Salen el huemul y el cóndor: entran los sapos

Se equivocó el periodista Juvenal Rivera al citar al ministro Hinzpeter en una declaración que nunca dio. Aunque también es verdad que el uso de las redes sociales tiene mucho de juego y que muchas de las cosas que se dicen en ellas no son ciertas, están lejos de serlo o, definitivamente, no están ni ahí con serlo.

De hecho, es usual "recrear" citas de personajes conocidos sólo por el placer de leerlos diciendo cosas que la versión original jamás diría. Pura diversión.

Lo grave es otra cosa: que a Rivera lo haya llamado su colega Daniela Easton, quien trabaja para el gobierno, revela que lo del monitoreo no quedó en la amenaza. Que los chilenos estamos viviendo en un "reality" en que el director conoce cada uno de nuestros pasos. Y que, en algún momento, probablemente si le sigue bajando el "rating", nos puede eliminar por convivencia.

Es probable que, apenas estas líneas suban al ciberespacio, ya las estén leyendo. O incluso antes. Quizás instalaron cámaras ocultas en las paredes de mi casa o un software espía en mi computador. De mi sombra, también desconfío. O sea, la desconfianza es grande.

Inevitable resulta recordar al mentor de quienes hoy habitan en La Moneda. "En este país no se mueve una hoja sin que yo lo sepa", solía advertir el "okupa" más pegote que ha tenido ese palacio. Entro por la ventana y tuvimos que esperar 17 años para echarlo. Sus herederos aprendieron bien la lección. Sólo les falta cambiar a los animales del escudo. Que salgan el huemul y el cóndor: es hora de los sapos.

martes, 28 de junio de 2011

No digan que no se los advertí

Lo recuerdo con claridad. La noche previa a la primera vuelta de las elecciones presidenciales escribí una sentida nota en la que les pedía a quienes quisieran leerme que lo pensaran dos veces antes de votar por Sebastián Piñera. La verdad, los otros candidatos no me convencían mucho y voté por el menos malo. Pero con "Don Tatán", ni a misa.

Lo he tenido un par de veces cerca. La primera marcó la distancia entre él y yo. Acompañado por un séquito de políticos de derecha, irrumpió en el café donde habitualmente veo los partidos de Colo Colo. No pagó su bebida, quizás porque nunca estuvo en sus planes más allá de que el administrador del local no lo dejara acercarse a la caja. Así, dicen, juntan la plata los ricos.

Luego, me encargué de aclararle que no era bienvenido. La razón no sólo era política. Si jugaban Colo Colo y La Serena, nada tenía que hacer ahí un hincha... de Católica. Meses después, compraría acciones de Blanco y Negro y, un par de años más tarde, posaría con la copa que ganaron los jugadores como si hubiese sudado para obtenerla. Y peor aún, con su hermano y su cuñadita farandulera. Le tiré un par de tallas y, lejos de sonreir, me miró con cara de poco amigo. De patrón de fundo. Al rato se fue. Lo justo para, al menos, salvar el empate.