Justo hace un año, Harold Mayne-Nicholls perdía la elección de la ANFP a manos de Jorge Segovia. Horas antes, Marcelo Bielsa había anunciado que dejaría la banca de la Selección Nacional si en las urnas se imponía el entonces presidente de Unión Española y propietario de la Universidad SEK, cuya figura quedó satanizada en su máxima expresión tras la partida del venerado entrenador rosarino. De hecho, Lucifer anduvo cotizando arriendo. El infierno tenía dueño.
Subyacía en la amenaza del "Loco" la abierta diferencia de concepción respecto de cómo manejar el fútbol, devenido en negocio, y la vida, en serio peligro de transformarse en una mercancía cuyo principal valor -para algunos- parece ser el monto de la cuenta corriente. En la lista incluyan a casi todos los ilustres personajes que hoy nos gobiernan.
El recuerdo no es casual. Por esos días, se instaló en la agenda pública la discusión acerca del lucro en la educación, a propósito de la incompatibilidad de funciones del empresario español. Se cuestionaba la indesmentible relación comercial entre Unión Española y la Universidad SEK y se explicaba que la Casa de Estudios era una "corporación de derecho privado sin fines de lucro", un concepto tan internalizado por estos días que no hace falta ser erudito en Derecho para considerarlo familiar.
Hoy conversaba con un profesor universitario y, sin saber que se conmemoraba la fecha, le comentaba que, a partir de los comicios en Quilín, comencé a entender el "negociado" que había detrás de la educación. Que la expresión "sin fines de lucro" como apellido para "universidad o colegio privado" me parecía un mero tecnicismo y que hasta consideraba legítimo aspirar a obtener utilidades en ellos, como en cualquier ocupación o negocio. El problema se me genera cuando la intentan disfrazar y, más aún, cuando se transforma derechamente en usura.
A propósito del didáctico Caso Segovia entendí, además, cómo lo hacían los dueños una entidad aparentemente filantrópica -como la Universidad SEK- para burlar el sistema y obtener ganancias. Y la respuesta era simple: a través de otra -el Colegio SEK- le arrendaban inmuebles y le prestaban servicios. En buen chileno, se cambiaban groseramente la plata de bolsillo.
La pelea por el control del balompié se perdió a manos de los empresarios. Hoy, son los dueños de la pelota quienes manejan el negocio a su regalado antojo. Si algo no les gusta, hasta podrían llevársela para la casa, cual niño taimado al que no le dejan seguir metiendo goles. Pero el partido por la educación aún no termina. Quizás queden los descuentos. Pero, en este desafío, hay en juego mucho más que las simples "cosas del fútbol".
