Publicidad

Mostrando entradas con la etiqueta Gonzalo Jarra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gonzalo Jarra. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Juicio y castigo

No nos hagamos los giles. Llegar atrasado a la pega forma parte de la cultura del chileno. Que levante la mano el que nunca le ha hecho el quite a marcar tarjeta en el reloj de entrada. Y que no se esconda el que apareció cualquier lunes en la oficina al más puro estilo Canitrot: con cara de cumpleaños, gafas y saludando de lado para que no le notaran el aliento. Pasen de a uno, por favor.

Seguramente, son los mismos a quienes les bajó el ataque de moralidad y, apenas se enteraron del acto de indisciplina que protagonizaron Jorge Valdivia y cuatro invitados al bautizo de su heredero, exigieron las penas del infierno para los involucrados.Son los discípulos del padre Gatica. Ya saben por qué.

El "Mago" y sus amigotes deben recibir un castigo. Pero me apesta escuchar la petición acompañada del adjetivo "ejemplarizador". La experiencia -sobre todo en el fútbol- indica que las sanciones de esa magnitud terminan en perdonazos directamente proporcionales. Pedidos por los mismos recepcionistas del averno.

Recuerden, por ejemplo, la letra chica que contenía la sentencia posterior al Puerto Ordazo. La original decía "20 partidos internacionales de la Selección Nacional". Y debajito, la aclaración "apelables en la mitad del castigo". Un veredicto fríamente calculado: el acápite permitía el regreso oportuno del entonces volante del Al-Ain para los partidos que iniciaban el exitoso proceso que terminó con el Chile de Bielsa -como a las viudas del rosarino les gusta presumir- en el Mundial de Sudáfrica.

La frase es de otra época, pero yo pido juicio y castigo a los culpables. A diferencia de esa era aciaga en nuestra historia republicana, alzo la voz para solicitar un juicio justo y un debido proceso. No como en 2007, cuando a Valdivia, Reinaldo Navia, Jorge Vargas, Pablo Contreras, Rodrigo Tello y Alvaro Ormeño los sometieron al escarnio público y los  notificaron de una sanción después de que ni siquiera tuvieran la posibilidad de prestar declaraciones para defenderse. Al último, incluso, lo amenazaron con mantenerle la sanción si persistía en su intento de lograr justicia a través de los tribunales ordinarios.

Como aquella vez, exijo que se persigan responsabilidades a todo nivel. Para que Valdivia y su pandilla salieran de la concentración, alguien debió autorizarlos. Primero, el técnico. Y después, el jefe del técnico, un dirigente que seguramente resultará impune, tal como Mayne-Nicholls después de lo que pasó en las  tierras del comandante Chávez.

Ahora, si la conclusión es que hay que eliminarlos para siempre de la Selección, que no se nos suelte el cinturón cuando perdamos el tercer partido consecutivo, estemos a punto de perder la plata del curso de samba y exijamos de vuelta a Valdivia y sus partners porque los necesitamos para mantener la ilusión de disfrutar de una caipirinha en las arenas de Copacabana. Porque, en el fondo, somos todos cortados por la misma tijera.